Después de
unos días de pensar en cómo presentarme de nuevo a mi familia, siento que mi
cabeza está a punto de explotar. Además hace días que no me alimento bien. Odio
mi vida. Odiaba tener que matar a humanos para poder sobrevivir. Yo no quería
robarle de nuevo el alma a una persona, fuera buena o mala.
En Europa
había podido controlarme de beber sangre por unas cuantas semanas, tomaba
pequeñas porciones para no matar cruelmente a los que “voluntariamente” se
ofrecían a mí y me “regalaban” su sangre. Para ellos era un privilegio morir en
mis brazos. Me veían como un Ángel que viene por ellos en la hora de su muerte.
Lo malo de robarme sus almas eran los efectos secundarios. Como los lamentos
por las noches, las horribles pesadillas, las noches sin poder dormir, la
maldita culpa que sentía al arrebatarles la vida… Todo iba junto, en el mismo
paquete y arruinaba mi patética vida. Si es que se le podía llamar vida a lo
que tenía.
Aquí en
Forks, luchaba incesantemente por no matar a las personas, pero era algo que no
podía dejar de hacer, tenía que hacerlo para sobrevivir, mi aspecto era
demacrado a la hora de no alimentarme, por eso me alejaba lo más que podía de
la sociedad, dejaba a mis instintos guiarme, y desconectaba mi mente y mis
sentimientos para alimentarme…
-Estrella,
¿puedo pasar?-Steven toco la puerta de mi oficina distrayéndome de mis
pensamientos...
-Adelante-abrió
la puerta mi jefe con una sonrisa tímida.
-Estrella,
ya casi es el baile de máscaras, ¿ya tienes lo que usaras por la noche?-me soltó
de repente. ¡Demonios! Se me había olvidado eso.
-La verdad
no-
-¿Por qué
no aprovechas tu descanso? Ves, yo puedo arreglármelas solo-
-¿Enserio?
¡Muchas gracias!-
No me lo
había dicho dos veces cuando ya estaba tomando las llaves del coche de la
empresa y salía corriendo rumbo al centro comercial. Eran las 11:30 am, tenía
exactamente una hora para recorrer los departamentos de ropa, además necesitaba
un antifaz perfecto para la ocasión. Necesitaba uno, pero no tenía ni idea de
cómo seria. Entre y me dirigí directo al aparador donde se encontraban los antifaces.
Y entonces
la vi. Era una intrincada mascara de plata con plumas blancas en un penacho con
flores pequeñas y sencillas, junto con hilos de perlas que coronan la parte
izquierda y derecha. La máscara es bella. Una cinta de plata rodea los bordes
blancos y una exquisita filigrana está grabada alrededor de los ojos.
Me enamore
al instante del antifaz por lo que no dude en comprarla.
El
problema es que no tengo un vestido con que usarla.
Después de
pagarla me dirigí a boutique a buscar un vestido.
Los
modelos que tenía en mi closet estaban pasados de temporada y necesitaba uno
moderno si quería verme bien en el baile.
Llegue a
la boutique “R&L” y me fui directo a los vestidos. Había varios estilos y
colores, pero ninguno llamaba mi atención.
Después de
media hora de estar probándome varios modelos, la chica que me estaba
atendiendo me mostro uno del que me enamore.
Era un
vestido straples, largo hasta el suelo, de satín plateado con blanco. Me queda
ajustado a mi cuerpo y realza las pocas curvas que tengo en él. Mis zapatos. Son tacones de gamuza blanco que
coinciden con el vestido que he elegido usar.
-Parece un
ángel, señorita Farro, una chica lista para la alfombra roja-me dice la
empleada con una sonrisa sincera. No me diría ángel si supiera que soy una
demonio.
Me decido
por el vestido, lo pago y corro a mi trabajo, era tarde y mi hora de comida
había terminado...
Regresé rápidamente
a las tétricas oficinas de mi trabajo y fui con Steven a enseñarle lo que había
comprado.
-No sabes
lo que encontré-
-Haber
Estrella, por cierto, ¿quién te llevara al baile?
-Reyna,
digo, Blair, quedo de pasar por mí. Me iré con ella y ya después andaré por mi
cuenta-respondí tímidamente.
-¿Y cómo
regresaras?- ¡Rayos! No había pensado en eso.
-Puedo
pedir de nuevo un aventón o un taxi-
-Ni se te
ocurra. Si necesitas que vaya por ti, me puedes llamar. O es más. Le pediré a
mi hijo, Alex, que te lleve a tú casa y este al pendiente de tú toda la noche. Él
estudia en el Instituto e irá al baile también. Puede que hasta bailen
juntos-me dijo con un tono autoritario que no daba lugar a discusiones. ¿Alex?
No conocía a su hijo, pero tenía entendido recién había llegado de un viaje de
intercambio que tuvo.
-Gracias,
te agradezco de todo corazón Steven, pero no quisiera molestarlo. Además esta
noche no pienso bailar con alguien o siquiera interactuar. Tengo un objetivo, y
ese es ver a mi familia. Ver cómo está las cosas sin mí, como han estado desde
que me fui. Si tengo oportunidad hablare con mis hermanos, con mi sobrina y si
es posible, con mi padre Uriel. Tengo muchos cabos sin atar. Y también necesito
comprobar si es que están felices todos. Hui de Forks tratando de olvidarme de
todos, evadiendo mis responsabilidades. ¡Tenía 18 años! ¡Estaba asustada,
aterrada de tener que casarme con un desconocido por una maldita
obligación!-termine exaltada y furiosa. Recordar el pasado me provocaba
demasiadas emociones difíciles de controlar-
-Tranquila
Estrella. Por favor, no te alteres. Lo que menos quería era alterarte-me
responde mientras me toma de los hombros en señal de apoyo. Como hubiera
querido que mi padre fuera así. Aunque Steven era un abogado defensor del mejor
postor, (generalmente delincuentes), creador y distribuidor de documentos
falsos, era un excelente consejero. -Y de hecho, perdona, pero le he platicado
de ti a mi hijo y tiene ganas de conocerte-me dijo tímidamente. Eso era nuevo,
¿él hablando de mí?
-Bueno, ya
veremos. Discúlpame por mi reacción-me disculpe y me sonrió con cariño. A los
pocos minutos recibí una llamada, era Reina...
Creo que
esto estaba a punto de ponerse emocionante...
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