Pasados
los minutos de mi encuentro rápido –o más bien el regaño que nos hicimos
mutuamente- “Blair Davis y yo” decidí que era momento de dejarme de tonterías
estúpidas. Debía buscar a mi padre Uriel y encararlo. Hacerle ver que ya estaba
de regreso, estaba decidida a no dejarme intimidar de nuevo por él. Camine por
el lugar, tratando de reconocer a los que bailaban y convivían alegremente.
Creo que usar antifaz ciertamente había sido una grandiosa idea. Nadie era
reconocido, todos podían simular ser otras personas sin atenerse a nada. Yo
agradecía a la chica que había planeado esto. Gracias a mi antifaz podía
mantenerme en anonimato. No quería que me reconocieran aun. No sin antes ver a
mi familia. Vi a lo lejos a Reyna con Kyle, estaban bailando, por lo que decidí
que estaría bien dejarlos un momento a solas y brindarles intimidad, aunque
estaría lo suficientemente cerca para vigilarla…
Caminaba
muy cerca de la pista de baile, cuando observe a unos chicos de cabellos
castaños claros y ojos muy familiares. Jared y Tyler. Mis hermanos mayores.
Reyna me había contado por e-mail que Jared había perdido la memoria hace unos
meses, justo después que me fuera. No recordaba nada de su vida. Por lo que
sería seguro que no me recordara. Sentí ganas de llorar, correr a abrazarlo y
decirle que lo extrañaba demasiado. Que era su hermanita y que lo necesitaba.
Pero afortunadamente tenía una vida diferente. Y no tenía derecho a quitársela.
Era mejor para el que continuara así, por lo que decidí seguir mi paso y hacer
como que no lo conocía. Se veía algo pasado de copas. Mi instinto
sobreprotector estaba a punto de ganarme cuando vi que una chica de vestido
blanco, del mismo color que el mío se acercaba a él para ayudarlo. Bueno, al
menos sé que ella cuidara de él. Tyler, era otro asunto, estaba bailando con la
rubia esa que tenía como prometida, parecía tan feliz. ¿Cómo podía estarlo
después de abandonar a su hija? ¿A
Reyna? Era simplemente monstruoso.
Me
sentía como una idiota aquí yo sola y los demás bailando en pareja. Pensaba
seriamente en hablarle a Steven Collins, mi jefe, para que me ayudara a
localizar a su hijo, el que según había estado de viaje. Iba caminando tan
distraída con mis pensamientos que no me fije cuando choque con un hombre alto
y que casi me tiraba. ¡Rayos! ¡Mi padre! Creo que estaba a punto de ponerse
emocionante el asunto.
–Perdona,
no me fije por donde iba–me disculpe con la mirada abajo. No sabía cómo reaccionaría
verme así de repente.
–Fue mi
culpa también. ¿Estás bien?– me mira y se queda callado por unos segundos. Sé
que está seriamente intentando reconocerme.
–Sí,
gracias. Nos vemos–le respondí rápidamente tratando de alejarme.
–Espera.
¿Estrella? No puede ser… ¿Eres tú? Tus ojos… Te me haces familiar–pregunto
atrayéndome hacia mí y obligándome a verlo fijamente.
Entonces
ese era el momento. Decidida y con toda mi fuerza de voluntad, enderece mi
espalda y puse una actitud de seguridad impresionante. No me dejaría sentir
intimidada.
-Hola
padre- lo salude mientras me quitaba el antifaz y le dedicaba una mirada
desafiante.
-¡Estrella!
Esto sí que es una sorpresa. ¿Qué demonios estás haciendo aquí? No se suponía
que jamás volverías a Forks y que no querías saber nada de nosotros-respondió
sorprendido, pero termino en un tono hipócrita y sarcástico. Odiaba eso.
-Cierto,
pero aquí me tienes. No pienso volver a tu casa, si eso es a lo que te
refieres. Pero he vuelto a Forks, y ya nada me hará irme-inquirí desafiante. No
podía permitirme sentir miedo ante su mirada asesina.
-Me parece
bien. Te deje ir en paz, no te busque, y te deje vivir tu vida. Es tu decisión
el haber vuelto. Pero sabes que tienes aun tu casa por si algún día quieres
volver-termino en un tono triste y melancólico. ¡Rayos! Porque me hacía esto. A
veces era tan frustrante su manera de ser.
-¿Quieres
que regrese a la casa para así poder casarme a la fuerza con alguno de tus
socios favoritos como lo intentaste la vez pasada?-me reí sarcásticamente. –No,
gracias. Yo ya tengo un trabajo y no necesito de ti.
-No hija.
Al contrario. Sabes que en verdad te quiero. Eres mi única hija. Lo más
parecido a tu madre que tengo. Desde que se marchó, sé que he hecho las cosas
mal, pero quiero arreglarlo. Vuelve a casa, Estrella-. Termino enfatizando la
palabra madre. Y me tomo por los hombros dedicándome una mirada triste. ¿Por
qué me hacía eso? Perfectamente sabía que extrañaba a mi madre más que a nada.
Que fui yo la que sufrió más su ausencia. Que me atormentaba yo misma al verme
al espejo, porque veía su reflejo. Y ahora, ¿pretende arreglar las cosas así
como así?
-Perdón,
pero ahora no pienso volver. Solo quería que supieras que estaba de regreso.
Soy una adulta y si algún día pienso volver a tu casa, créeme que serás el
primero en saberlo. Por ahora, solo has como que no estoy aquí, por favor-
-Claro,
pero las puertas de tu casa, porque aún es tu casa, siempre estarán abiertas
para ti mi vida. Diviértete el resto de la velada- término con un fuerte
abrazo, que hasta sentí sincero, me dio un beso en la mejilla y se fue.
¡Claro!
¿Divertirme? ¡¿Cómo tendría cabeza para divertirme y gozar de la noche con toda
esta maldita mierda de vida?! Decidí quedarme sentada otros minutos más. Ya
había hecho un avance al hablar con él. Mi conciencia estaba tranquila. No fue
lo que esperaba. Pero creo que fue un avance. Y debo admitir que sus palabras
me afectaron más de lo que pensaba. Lo extrañaba. Lo extrañaba inmensamente.
Era mi padre, aun después de toda la mierda que hizo. Estaba a punto de
levantarme para retirarme a mi departamento cuando se me acerco un chico alto,
de piel bronceada. Con músculos evidentes. Lucía un traje de noche negro, con una
corbata de lazo negro. Lucía perversamente tentador, descuidado, cabello
ligeramente despeinado, ojos de color que brillaban con ciertos pensamientos
eróticos, esa hermosamente esculpida boca, labios levantados en una sonrisa
sexy y divertida. Me parecía familiar. ¿Pero de dónde? Trae un antifaz sencillo
color negro y este parece un príncipe salido directamente de un cuento de
hadas. Mi príncipe con un antifaz que se convierte en algo más oscuro, más
sensual. Todo lo que puedo ver en su cara es su hermosa boca cincelada y su
fuerte mandíbula. Me aguanto las ganas de lanzarme a sus brazos y suprimo un
suspiro.
–Srta.
Buenas noches. ¿Me permite este baile?
–Perdone.
La verdad, es que estaba a punto de retirarme de la velada
–¿Aburrida?
–No,
simplemente no me apetece más estar en este lugar.
–Entonces
permítame bailar con usted y así quizá pueda animarse un poco-insistió el joven
de piel aperlada.
-¿Cómo se
llama?-
–¿Qué le
parece si conservamos la magia del momento?
–¿Lo
conozco?- pregunte intrigada. Era demasiada coincidencia.
–No que yo
sepa, y ¿usted?-me causo una nostalgia desconocida al decirme esto. No me
recordaba. No estaba 100% segura si era él.
–No que yo
recuerde. Aunque esos ojos me resultan familiarmente conocidos- dije
sarcásticamente, pero ocultando el tono. Lo conocía. Esos ojos eran familiares.
Muy familiarmente conocidos. ¿Era mi chico del avión? ¿El chico que muy
estúpidamente deje ir? ¿Era el amigo de Jared? ¿Quién demonios era él?
–Llegue
hace unos meses a Forks. Me encontraba estudiando en Italia.
–¡Qué
casualidad! También yo estaba por Europa y llegue hace poco a Forks- inquirí
para ver su él se acordaba de nuestro breve encuentro.
–¡Qué
casualidad!-exclamo imitándome y reímos juntos levemente. –Y si me permite
decirle… Es una joven muy hermosa, mas con ese vestido blanco. Parece un ángel.
–Gracias.
¿Aunque no cree que es muy atrevido?-me reí mentalmente de su atrevimiento. Lo
resultaba encantador.
–Es una dama con ojos muy hermosos y merece ser
alagada por su belleza-. Me sonrojo inevitablemente. Era tan encantador. ¿Sera
que en realidad este es el chico que me ayudo con mi equipaje en el avión?
Tiene un aire familiar, pero con tantas personas en este baile. Era imposible
definir quién era. Ninguno de los dos dijo nada mientras bailábamos, solo me
tomaba de la cintura tiernamente y nos movíamos al compás de la música lenta.
Creo que al fin tenía un baile verdadero. Me tomo de las palmas de la mano y me
aleja sutilmente de él, para después darme una vuelta y abrazarme delicadamente
con sus torneados brazos. Después del baile me ofrece una copa de vino. Es
champan pálido color rosado. Tiene un sabor deliciosamente crujiente y ligero.
¡Demonios! No sé qué me pasa con este humano. Es tan caballeroso, tan galante.
Tan sensual… Que provoca estremecimientos por todo mi cuerpo con tan solo
tocarme. Además siento que últimamente me hacía maldecir mucho. Está bien, soy
una demonio, pero aun así, convocarlos frecuentemente era raro. Y más raro era
el misterio de saber quién es, que me causaba demasiados escalofríos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario