sábado, 22 de noviembre de 2014

Estrella Deneb Farro - Capítulo 4

Pasados los minutos de mi encuentro rápido –o más bien el regaño que nos hicimos mutuamente- “Blair Davis y yo” decidí que era momento de dejarme de tonterías estúpidas. Debía buscar a mi padre Uriel y encararlo. Hacerle ver que ya estaba de regreso, estaba decidida a no dejarme intimidar de nuevo por él. Camine por el lugar, tratando de reconocer a los que bailaban y convivían alegremente. Creo que usar antifaz ciertamente había sido una grandiosa idea. Nadie era reconocido, todos podían simular ser otras personas sin atenerse a nada. Yo agradecía a la chica que había planeado esto. Gracias a mi antifaz podía mantenerme en anonimato. No quería que me reconocieran aun. No sin antes ver a mi familia. Vi a lo lejos a Reyna con Kyle, estaban bailando, por lo que decidí que estaría bien dejarlos un momento a solas y brindarles intimidad, aunque estaría lo suficientemente cerca para vigilarla…
Caminaba muy cerca de la pista de baile, cuando observe a unos chicos de cabellos castaños claros y ojos muy familiares. Jared y Tyler. Mis hermanos mayores. Reyna me había contado por e-mail que Jared había perdido la memoria hace unos meses, justo después que me fuera. No recordaba nada de su vida. Por lo que sería seguro que no me recordara. Sentí ganas de llorar, correr a abrazarlo y decirle que lo extrañaba demasiado. Que era su hermanita y que lo necesitaba. Pero afortunadamente tenía una vida diferente. Y no tenía derecho a quitársela. Era mejor para el que continuara así, por lo que decidí seguir mi paso y hacer como que no lo conocía. Se veía algo pasado de copas. Mi instinto sobreprotector estaba a punto de ganarme cuando vi que una chica de vestido blanco, del mismo color que el mío se acercaba a él para ayudarlo. Bueno, al menos sé que ella cuidara de él. Tyler, era otro asunto, estaba bailando con la rubia esa que tenía como prometida, parecía tan feliz. ¿Cómo podía estarlo después de abandonar a su  hija? ¿A Reyna? Era simplemente monstruoso.
Me sentía como una idiota aquí yo sola y los demás bailando en pareja. Pensaba seriamente en hablarle a Steven Collins, mi jefe, para que me ayudara a localizar a su hijo, el que según había estado de viaje. Iba caminando tan distraída con mis pensamientos que no me fije cuando choque con un hombre alto y que casi me tiraba. ¡Rayos! ¡Mi padre! Creo que estaba a punto de ponerse emocionante el asunto.
–Perdona, no me fije por donde iba–me disculpe con la mirada abajo. No sabía cómo reaccionaría verme así de repente.
–Fue mi culpa también. ¿Estás bien?– me mira y se queda callado por unos segundos. Sé que está seriamente intentando reconocerme.
–Sí, gracias. Nos vemos–le respondí rápidamente tratando de alejarme.
–Espera. ¿Estrella? No puede ser… ¿Eres tú? Tus ojos… Te me haces familiar–pregunto atrayéndome hacia mí y obligándome a verlo fijamente.
Entonces ese era el momento. Decidida y con toda mi fuerza de voluntad, enderece mi espalda y puse una actitud de seguridad impresionante. No me dejaría sentir intimidada.
-Hola padre- lo salude mientras me quitaba el antifaz y le dedicaba una mirada desafiante.
-¡Estrella! Esto sí que es una sorpresa. ¿Qué demonios estás haciendo aquí? No se suponía que jamás volverías a Forks y que no querías saber nada de nosotros-respondió sorprendido, pero termino en un tono hipócrita y sarcástico. Odiaba eso.
-Cierto, pero aquí me tienes. No pienso volver a tu casa, si eso es a lo que te refieres. Pero he vuelto a Forks, y ya nada me hará irme-inquirí desafiante. No podía permitirme sentir miedo ante su mirada asesina.
-Me parece bien. Te deje ir en paz, no te busque, y te deje vivir tu vida. Es tu decisión el haber vuelto. Pero sabes que tienes aun tu casa por si algún día quieres volver-termino en un tono triste y melancólico. ¡Rayos! Porque me hacía esto. A veces era tan frustrante su manera de ser.
-¿Quieres que regrese a la casa para así poder casarme a la fuerza con alguno de tus socios favoritos como lo intentaste la vez pasada?-me reí sarcásticamente. –No, gracias. Yo ya tengo un trabajo y no necesito de ti.
-No hija. Al contrario. Sabes que en verdad te quiero. Eres mi única hija. Lo más parecido a tu madre que tengo. Desde que se marchó, sé que he hecho las cosas mal, pero quiero arreglarlo. Vuelve a casa, Estrella-. Termino enfatizando la palabra madre. Y me tomo por los hombros dedicándome una mirada triste. ¿Por qué me hacía eso? Perfectamente sabía que extrañaba a mi madre más que a nada. Que fui yo la que sufrió más su ausencia. Que me atormentaba yo misma al verme al espejo, porque veía su reflejo. Y ahora, ¿pretende arreglar las cosas así como así?
-Perdón, pero ahora no pienso volver. Solo quería que supieras que estaba de regreso. Soy una adulta y si algún día pienso volver a tu casa, créeme que serás el primero en saberlo. Por ahora, solo has como que no estoy aquí, por favor-
-Claro, pero las puertas de tu casa, porque aún es tu casa, siempre estarán abiertas para ti mi vida. Diviértete el resto de la velada- término con un fuerte abrazo, que hasta sentí sincero, me dio un beso en la mejilla y se fue.
¡Claro! ¿Divertirme? ¡¿Cómo tendría cabeza para divertirme y gozar de la noche con toda esta maldita mierda de vida?! Decidí quedarme sentada otros minutos más. Ya había hecho un avance al hablar con él. Mi conciencia estaba tranquila. No fue lo que esperaba. Pero creo que fue un avance. Y debo admitir que sus palabras me afectaron más de lo que pensaba. Lo extrañaba. Lo extrañaba inmensamente. Era mi padre, aun después de toda la mierda que hizo. Estaba a punto de levantarme para retirarme a mi departamento cuando se me acerco un chico alto, de piel bronceada. Con músculos evidentes. Lucía un traje de noche negro, con una corbata de lazo negro. Lucía perversamente tentador, descuidado, cabello ligeramente despeinado, ojos de color que brillaban con ciertos pensamientos eróticos, esa hermosamente esculpida boca, labios levantados en una sonrisa sexy y divertida. Me parecía familiar. ¿Pero de dónde? Trae un antifaz sencillo color negro y este parece un príncipe salido directamente de un cuento de hadas. Mi príncipe con un antifaz que se convierte en algo más oscuro, más sensual. Todo lo que puedo ver en su cara es su hermosa boca cincelada y su fuerte mandíbula. Me aguanto las ganas de lanzarme a sus brazos y suprimo un suspiro.
–Srta. Buenas noches. ¿Me permite este baile?
–Perdone. La verdad, es que estaba a punto de retirarme de la velada
–¿Aburrida?
–No, simplemente no me apetece más estar en este lugar.
–Entonces permítame bailar con usted y así quizá pueda animarse un poco-insistió el joven de piel aperlada.
-¿Cómo se llama?-
–¿Qué le parece si conservamos la magia del momento?
–¿Lo conozco?- pregunte intrigada. Era demasiada coincidencia.
–No que yo sepa, y ¿usted?-me causo una nostalgia desconocida al decirme esto. No me recordaba. No estaba 100% segura si era él.
–No que yo recuerde. Aunque esos ojos me resultan familiarmente conocidos- dije sarcásticamente, pero ocultando el tono. Lo conocía. Esos ojos eran familiares. Muy familiarmente conocidos. ¿Era mi chico del avión? ¿El chico que muy estúpidamente deje ir? ¿Era el amigo de Jared? ¿Quién demonios era él?
–Llegue hace unos meses a Forks. Me encontraba estudiando en Italia.
–¡Qué casualidad! También yo estaba por Europa y llegue hace poco a Forks- inquirí para ver su él se acordaba de nuestro breve encuentro.
–¡Qué casualidad!-exclamo imitándome y reímos juntos levemente. –Y si me permite decirle… Es una joven muy hermosa, mas con ese vestido blanco. Parece un ángel.
–Gracias. ¿Aunque no cree que es muy atrevido?-me reí mentalmente de su atrevimiento. Lo resultaba encantador.
–Es una dama con ojos muy hermosos y merece ser alagada por su belleza-. Me sonrojo inevitablemente. Era tan encantador. ¿Sera que en realidad este es el chico que me ayudo con mi equipaje en el avión? Tiene un aire familiar, pero con tantas personas en este baile. Era imposible definir quién era. Ninguno de los dos dijo nada mientras bailábamos, solo me tomaba de la cintura tiernamente y nos movíamos al compás de la música lenta. Creo que al fin tenía un baile verdadero. Me tomo de las palmas de la mano y me aleja sutilmente de él, para después darme una vuelta y abrazarme delicadamente con sus torneados brazos. Después del baile me ofrece una copa de vino. Es champan pálido color rosado. Tiene un sabor deliciosamente crujiente y ligero. ¡Demonios! No sé qué me pasa con este humano. Es tan caballeroso, tan galante. Tan sensual… Que provoca estremecimientos por todo mi cuerpo con tan solo tocarme. Además siento que últimamente me hacía maldecir mucho. Está bien, soy una demonio, pero aun así, convocarlos frecuentemente era raro. Y más raro era el misterio de saber quién es, que me causaba demasiados escalofríos…

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mi primer experiencia docente

Cuando comencé mi labor docente en la Escuela Luis Donaldo Colosio Murrieta fue una experiencia significativa y llena de sentimientos encon...