sábado, 22 de noviembre de 2014

Estrella Deneb Farro - Capítulo 5

Escucho unos pequeños golpeteos cerca de mí y reacciono instintivamente. Abro los ojos desorientada y con un dolor de cabeza horrible. Doy pequeños masajes en mi cabeza buscando el origen de mi dolor. Un espeso y caliente líquido corre por mi cabello y mis manos. Trato de distinguir que es, pero solo con el aroma puedo adivinarlo. Sangre. Una gran cantidad de sangre se escapa de mi cabeza. Enfoco mis ojos hacia un punto pero es imposible. Oscuridad. Lo único que sé, es que estoy sumida en una inmensa oscuridad y alguien me hirió gravemente. Y ni mi vista súper desarrollada de demonio me es de gran utilidad para averiguar dónde estoy.
Unos pasos acercándose lentamente me sobresaltan poniéndome a la defensiva. Me levanto del suelo pero lo único que logro es que el dolor de cabeza se intensifique.
–Vaya, la pequeña bella durmiente despertó, y sin la ayuda de un beso de su príncipe–
–¿Quién eres?­ ¿Qué quieres de mí?–pregunto aterrada mientras retrocedo unos pasos de mi agresor. Retrocedí apenas unos cuantos centímetros cuando mi espalda toco algo frio. Una pared de metal supuse. No recordaba cómo había llegado a este punto. 
–Tranquila, no queremos ponernos agresivos, ¿o sí?–
–Te voy a repetir, ¿Quién maldita sea eres? –inquirí de nuevo al ver que no me respondía el tipo, solo estaba de pie junto a mí. Y estaba empezando a ponerme más incómoda con esta situación.
–Soy tú peor pesadilla, pequeña hibrida–me respondió una voz masculina, si no hubiera sido una alerta de amenaza, su voz se hubiera escuchado tierna y algo sensual.
–¿Qué quieres de mí?–le grite exaltada. No tenía miedo, pero el hecho de que este tipo me hubiera traído hasta aquí me daba un mal augurio.
–Primero déjame presentarme querida. Soy Damién Lydes, a sus órdenes señorita– termino con un tono de burla y encendió una luz. La habitación está vacía, las paredes están sucias y con la pintura desgastada, no hay ningún mueble o cosa que me sirva para escapar.
Rápidamente recorrí la habitación con la mirada hasta llegar a él.
Vestía casualmente, jeans algo deslavados, un tenis negro, y una playera blanca que se ajustaba a su cuerpo. Pero no era su cuerpo ni su forma tan bien moldeada lo que me llamaba la atención.
Era ese color tan atemorizante. Piel blanca, tan pálida como la de un muerto y ojos sangrientos como la escarlata.
Solo alguien podría tener los ojos rojos. Un vampiro. Y no era bueno, eso era seguro. Este vampiro era un cazador, un asesino.
–¡Basta de jueguitos! ¡Ahora dime que rayos quieres!–le grite, provocando que me doliera más la cabeza, pero el esfuerzo fue en vano. Ni se inmuto ni dio señales de algún movimiento. Solo permaneció inmóvil con una estúpida macabra sonrisa en el rostro. Trate de recordar cómo había llegado hasta aquí…

*Flashback*
–Gracias por el baile–respondí sinceramente y ligeramente apenada al guapo chico de ojos tricolor. Me sentía demasiado atraía hacia él y necesitaba alejarme. No era bueno para un humano estar tanto tiempo cerca de mí. Así que me solté de su agarre bruscamente y corrí en dirección a la salida. Estoy consciente que las personas cercanas a nosotros se giraron para vernos pero no me importo demasiado en ese momento, tenía que alejarme inmediatamente.
–¡Espera…!-No escuche mi nombre en su grito, aunque tampoco era que lo esperara. No sabía el suyo, ni él sabía el mío. Era una pena dejar a ese chico ahí en medio de la pista con todas esas personas viéndolo y pensando que me había hecho algo. Pero era lo mejor para él. Debía protegerlo. Todo de él me llamaba la atención y me provocaba. Su aroma, su esencia, su sangre. Al llegar a la entrada, mi corazón empezó a latir desbocadamente. Tonta, tonta. Me reprendí mentalmente y me invadió un ataque de cólera inexplicable. Aparte de tonta, estaba loca. Definitivamente necesitaba alimentarme, quizá a eso se debía mi desequilibrio emocional. Observe mi reflejo en un auto estacionado cerca. Mi rostro seguía cubierto por el antifaz plateado, afortunadamente. De la nada, las palabras de mi padre resonaron en mi mente. “Eres lo más parecido que tengo a tu madre desde que se marchó”. Claro que era parecida, era su mismo rostro, su misma expresión. Pero la culpa había sido de él y solamente de él. Él tuvo la culpa por su maldito orgullo y control que quería tener  con nosotras.
Poco tiempo después de que muriera la madre de mis hermanos, Jared y Tyler, Uriel Farro, mi padre, tuvo una aventura con Scarlett Henderson, una bruja blanca del Mundo de las sombras, y de ahí nací yo.
Tenía pensado casarse con ella, pero mi madre no soporto más el tormento de estar tan controlada y nos abandonó.  Ni siquiera pensó en mí al tomar sus propias decisiones y decidir irse. 
Me quede con mi padre, siempre me daba todo lo que deseara y pidiera, pero lo que no imaginaba es que tenía sus propios planes para mí en el futuro. Como casarme con un desconocido sin haber conocido el amor antes. Por eso me afectaba tanto este humano de ojos tricolor.
Temía enamorarme de él.
Temía herirlo en un ataque de sed incontrolable.
Temía que algún día descubriera lo que en realidad soy y se marchara de mi lado…
Ni siquiera me moleste en buscar a Reyna para despedirme, probablemente ya se habría marchado con Kyle. Ni trate de llamar a mi jefe Steven para pedirle el número de su hijo, nada. Lo que debía hacer era irme de ahí. Ya había hablado con mi padre, había visto a mis hermanos y a mi sobrina, así que ya no tenía nada que hacer en ese lugar.  En cuanto a ese chico misterioso, esperaba no volvérmelo a encontrar. Corrí en busca de algo a que encajarle los dientes sin la necesidad de matar, solo tomaría un poco de sangre para restaurar mi fuerza y con suerte olvidarme de todo… Deje a mis instintos guiarme cuando note la presencia de un aroma único e irreconocible, era tan fuerte pero igualmente delicioso y a muy cercana distancia.
Me acerque a pasos lentos con el fin de descubrir el origen del aroma. Estaba segura que no era humano, pero me intrigaba demasiado. Mi olfato me condujo a una banca ubicada en medio de un parque, en ella se encontraba la silueta de un hombre alto, pensé atacar a quien fuese cuando me miro con sus grandes ojos rojos como la sangre…
*Fin Flashback*

Intente recordar algo más de esa noche pero fue en vano. No sé si han transcurrido horas, días o tal vez semanas, a juzgar por mi apariencia. Aun llevo mí vestido de seda blanca del baile de máscaras que tuvo lugar en el instituto Forks, pero el vestido blanco ahora era un pedazo de tela rasgada con manchas de suciedad y sangre.  No tengo noción del tiempo, ya que no he visto más que oscuridad, pero mi mente me dice que han pasado varios días… Intento recordar que sucedió después de ahí, pero mi mente sigue en blanco. No sentía miedo verdadero, pero me tenía en gran suspenso este vampiro. Nunca me había enfrentado a uno.
–Quiero tu esencia, cariño. Nunca antes me había encontrado con una hibrida como tú. En especial a una tan fuerte de sangre-
–¿A qué te refieres? No sé de qué hablas-
–¡Tu sangre, maldita bruja! Quiero tus poderes linda, ¿acaso no lo entiendes? Tu sangre de demonio te hace fuerte, y te aseguro que me sería de gran utilidad, pero la esencia de bruja es aún más fuerte. Supongo que tu madre debe ser una poderosa bruja. Imagínate lo que podría hacer yo con eso. ¡Un sempiterno con sangre de una poderosa bruja!
–¿Y cómo piensas obtenerla? ¿Matándome? Tú mismo lo has dicho imbécil, soy una bruja y puedo realizar un hechizo para que mi sangre sea inútil para ti–respondí tratando de parecer fuerte e indiferente al miedo que me provocaba, pero la verdad es que no sabía si era verdad que podía lanzar un hechizo contra mí misma. En realidad no sabía cómo utilizar mis poderes. Sabía que tenía en la sangre un gran poder, pero jamás había utilizado estos dones otorgados por mi madre.
Trate de dejar fluir la magia por mi cuerpo, pero era imposible. Jamás lo había hecho antes. En lugar de eso, decidí recurrir a la fuerza física.
Me acerque rápidamente a Damién y lo ataque. Golpeándolo en el pecho, usando toda mi fuerza y peso contra él. Obviamente poseía más fuerza que yo, pero bloqueaba sus ataques todo lo mejor que podía.
–¡Maldita hibrida! ¿Por qué no haces las cosas más fáciles y te rindes?–respondió furioso, obviamente me había tomado como una criatura indefensa.
Lo tome del brazo y estaba dispuesta a tirar de el con el fin de desprenderlo cuando se giró y me tomo del cuello, provocando que fuera muy difícil aspirar oxígeno. Con mi puño lo golpee en la parte superior derecha de su pecho, provocando un crujido, como de cristales rompiéndose en mil pedazos. Sabia por pláticas escuchadas a hurtadillas de mi padre con otros demonios que la única forma de matar a un vampiro era arrancarle la cabeza y prenderle fuego. No tenía el fuego a la mano, pero usaría toda mi fuerza para hacerlo pedazos. Intente golpearlo una vez más pero me sorprendió con un golpe en mis piernas, tirándome al suelo y golpeándome la cabeza de nuevo. ¡Demonios! Estaba segura que ahora si sería mi fin. Era demasiado fuerte para mí, no me había alimentado en semanas, además nunca había desarrollado mi fuerza ni tampoco los poderes de bruja. Solo esperaba un día no muy lejano alguien le hiciera pagar por mi muerte…

Se aproximó a mí con el rostro digno de una fiera y mostrando sus largos colmillos. Me puso de pie solo con una mano bruscamente hasta quedar frente a él. Quedamos extremadamente cerca. Me enfurecí demasiado, añadiendo el terror que sentía al ver mi muerte aproximándose. Extendí los dos brazos hacia el frente, y le empujé con toda la fuerza que fui capaz de emplear, pero también una ligera bruma color naranja, <no naranja brillante, sino como el naranja de un atardecer>, salió de mis palmas haciendo que el vampiro se estrellara contra la pared y después cayera al suelo encendiendo fuego en su pierna. No estaba segura si esto lo quemaría por completo, pero no me arriesgaría a esperar para comprobarlo. Corrí a velocidad inhumana rumbo a la salida, abrí la puerta y un nuevo dolor en la cabeza me invade. Estaba exhausta y me deje vencer ante el sueño y sumiéndome en una oscuridad…

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mi primer experiencia docente

Cuando comencé mi labor docente en la Escuela Luis Donaldo Colosio Murrieta fue una experiencia significativa y llena de sentimientos encon...