Escucho
unos pequeños golpeteos cerca de mí y reacciono instintivamente. Abro los ojos
desorientada y con un dolor de cabeza horrible. Doy pequeños masajes en mi
cabeza buscando el origen de mi dolor. Un espeso y caliente líquido corre por
mi cabello y mis manos. Trato de distinguir que es, pero solo con el aroma
puedo adivinarlo. Sangre. Una gran cantidad de sangre se escapa de mi cabeza.
Enfoco mis ojos hacia un punto pero es imposible. Oscuridad. Lo único que sé,
es que estoy sumida en una inmensa oscuridad y alguien me hirió gravemente. Y
ni mi vista súper desarrollada de demonio me es de gran utilidad para averiguar
dónde estoy.
Unos pasos
acercándose lentamente me sobresaltan poniéndome a la defensiva. Me levanto del
suelo pero lo único que logro es que el dolor de cabeza se intensifique.
–Vaya, la
pequeña bella durmiente despertó, y sin la ayuda de un beso de su príncipe–
–¿Quién
eres? ¿Qué quieres de mí?–pregunto aterrada mientras retrocedo unos pasos de
mi agresor. Retrocedí apenas unos cuantos centímetros cuando mi espalda toco
algo frio. Una pared de metal supuse. No recordaba cómo había llegado a este
punto.
–Tranquila,
no queremos ponernos agresivos, ¿o sí?–
–Te voy a
repetir, ¿Quién maldita sea eres? –inquirí de nuevo al ver que no me respondía
el tipo, solo estaba de pie junto a mí. Y estaba empezando a ponerme más
incómoda con esta situación.
–Soy tú
peor pesadilla, pequeña hibrida–me respondió una voz masculina, si no hubiera
sido una alerta de amenaza, su voz se hubiera escuchado tierna y algo sensual.
–¿Qué
quieres de mí?–le grite exaltada. No tenía miedo, pero el hecho de que este
tipo me hubiera traído hasta aquí me daba un mal augurio.
–Primero
déjame presentarme querida. Soy Damién Lydes, a sus órdenes señorita– termino
con un tono de burla y encendió una luz. La habitación está vacía, las paredes
están sucias y con la pintura desgastada, no hay ningún mueble o cosa que me
sirva para escapar.
Rápidamente
recorrí la habitación con la mirada hasta llegar a él.
Vestía
casualmente, jeans algo deslavados, un tenis negro, y una playera blanca que se
ajustaba a su cuerpo. Pero no era su cuerpo ni su forma tan bien moldeada lo
que me llamaba la atención.
Era ese
color tan atemorizante. Piel blanca, tan pálida como la de un muerto y ojos
sangrientos como la escarlata.
Solo
alguien podría tener los ojos rojos. Un vampiro. Y no era bueno, eso era
seguro. Este vampiro era un cazador, un asesino.
–¡Basta de
jueguitos! ¡Ahora dime que rayos quieres!–le grite, provocando que me doliera
más la cabeza, pero el esfuerzo fue en vano. Ni se inmuto ni dio señales de
algún movimiento. Solo permaneció inmóvil con una estúpida macabra sonrisa en
el rostro. Trate de recordar cómo había llegado hasta aquí…
*Flashback*
–Gracias
por el baile–respondí sinceramente y ligeramente apenada al guapo chico de ojos
tricolor. Me sentía demasiado atraía hacia él y necesitaba alejarme. No era
bueno para un humano estar tanto tiempo cerca de mí. Así que me solté de su
agarre bruscamente y corrí en dirección a la salida. Estoy consciente que las
personas cercanas a nosotros se giraron para vernos pero no me importo
demasiado en ese momento, tenía que alejarme inmediatamente.
–¡Espera…!-No
escuche mi nombre en su grito, aunque tampoco era que lo esperara. No sabía el
suyo, ni él sabía el mío. Era una pena dejar a ese chico ahí en medio de la
pista con todas esas personas viéndolo y pensando que me había hecho algo. Pero
era lo mejor para él. Debía protegerlo. Todo de él me llamaba la atención y me
provocaba. Su aroma, su esencia, su sangre. Al llegar a la entrada, mi corazón
empezó a latir desbocadamente. Tonta,
tonta. Me reprendí mentalmente y me invadió un ataque de cólera
inexplicable. Aparte de tonta, estaba loca. Definitivamente necesitaba
alimentarme, quizá a eso se debía mi desequilibrio emocional. Observe mi
reflejo en un auto estacionado cerca. Mi rostro seguía cubierto por el antifaz
plateado, afortunadamente. De la nada, las palabras de mi padre resonaron en mi
mente. “Eres lo más parecido que tengo a
tu madre desde que se marchó”. Claro que era parecida, era su mismo rostro,
su misma expresión. Pero la culpa había sido de él y solamente de él. Él tuvo
la culpa por su maldito orgullo y control que quería tener con nosotras.
Poco
tiempo después de que muriera la madre de mis hermanos, Jared y Tyler, Uriel
Farro, mi padre, tuvo una aventura con Scarlett Henderson, una bruja blanca del
Mundo de las sombras, y de ahí nací yo.
Tenía
pensado casarse con ella, pero mi madre no soporto más el tormento de estar tan
controlada y nos abandonó. Ni siquiera
pensó en mí al tomar sus propias decisiones y decidir irse.
Me quede
con mi padre, siempre me daba todo lo que deseara y pidiera, pero lo que no
imaginaba es que tenía sus propios planes para mí en el futuro. Como casarme
con un desconocido sin haber conocido el amor antes. Por eso me afectaba tanto
este humano de ojos tricolor.
Temía
enamorarme de él.
Temía
herirlo en un ataque de sed incontrolable.
Temía que
algún día descubriera lo que en realidad soy y se marchara de mi lado…
Ni
siquiera me moleste en buscar a Reyna para despedirme, probablemente ya se
habría marchado con Kyle. Ni trate de llamar a mi jefe Steven para pedirle el
número de su hijo, nada. Lo que debía hacer era irme de ahí. Ya había hablado
con mi padre, había visto a mis hermanos y a mi sobrina, así que ya no tenía
nada que hacer en ese lugar. En cuanto a
ese chico misterioso, esperaba no volvérmelo a encontrar. Corrí en busca de
algo a que encajarle los dientes sin la necesidad de matar, solo tomaría un
poco de sangre para restaurar mi fuerza y con suerte olvidarme de todo… Deje a
mis instintos guiarme cuando note la presencia de un aroma único e
irreconocible, era tan fuerte pero igualmente delicioso y a muy cercana
distancia.
Me acerque
a pasos lentos con el fin de descubrir el origen del aroma. Estaba segura que
no era humano, pero me intrigaba demasiado. Mi olfato me condujo a una banca
ubicada en medio de un parque, en ella se encontraba la silueta de un hombre
alto, pensé atacar a quien fuese cuando me miro con sus grandes ojos rojos como
la sangre…
*Fin
Flashback*
Intente
recordar algo más de esa noche pero fue en vano. No sé si han transcurrido
horas, días o tal vez semanas, a juzgar por mi apariencia. Aun llevo mí vestido
de seda blanca del baile de máscaras que tuvo lugar en el instituto Forks, pero
el vestido blanco ahora era un pedazo de tela rasgada con manchas de suciedad y
sangre. No tengo noción del tiempo, ya
que no he visto más que oscuridad, pero mi mente me dice que han pasado varios
días… Intento recordar que sucedió después de ahí, pero mi mente sigue en
blanco. No sentía miedo verdadero, pero me tenía en gran suspenso este vampiro.
Nunca me había enfrentado a uno.
–Quiero tu
esencia, cariño. Nunca antes me había encontrado con una hibrida como tú. En
especial a una tan fuerte de sangre-
–¿A qué te
refieres? No sé de qué hablas-
–¡Tu
sangre, maldita bruja! Quiero tus poderes linda, ¿acaso no lo entiendes? Tu
sangre de demonio te hace fuerte, y te aseguro que me sería de gran utilidad,
pero la esencia de bruja es aún más fuerte. Supongo que tu madre debe ser una
poderosa bruja. Imagínate lo que podría hacer yo con eso. ¡Un sempiterno con
sangre de una poderosa bruja!
–¿Y cómo
piensas obtenerla? ¿Matándome? Tú mismo lo has dicho imbécil, soy una bruja y
puedo realizar un hechizo para que mi sangre sea inútil para ti–respondí
tratando de parecer fuerte e indiferente al miedo que me provocaba, pero la
verdad es que no sabía si era verdad que podía lanzar un hechizo contra mí
misma. En realidad no sabía cómo utilizar mis poderes. Sabía que tenía en la
sangre un gran poder, pero jamás había utilizado estos dones otorgados por mi
madre.
Trate de
dejar fluir la magia por mi cuerpo, pero era imposible. Jamás lo había hecho
antes. En lugar de eso, decidí recurrir a la fuerza física.
Me acerque
rápidamente a Damién y lo ataque. Golpeándolo en el pecho, usando toda mi
fuerza y peso contra él. Obviamente poseía más fuerza que yo, pero bloqueaba sus
ataques todo lo mejor que podía.
–¡Maldita
hibrida! ¿Por qué no haces las cosas más fáciles y te rindes?–respondió
furioso, obviamente me había tomado como una criatura indefensa.
Lo tome
del brazo y estaba dispuesta a tirar de el con el fin de desprenderlo cuando se
giró y me tomo del cuello, provocando que fuera muy difícil aspirar oxígeno.
Con mi puño lo golpee en la parte superior derecha de su pecho, provocando un
crujido, como de cristales rompiéndose en mil pedazos. Sabia por pláticas
escuchadas a hurtadillas de mi padre con otros demonios que la única forma de
matar a un vampiro era arrancarle la cabeza y prenderle fuego. No tenía el
fuego a la mano, pero usaría toda mi fuerza para hacerlo pedazos. Intente
golpearlo una vez más pero me sorprendió con un golpe en mis piernas, tirándome
al suelo y golpeándome la cabeza de nuevo. ¡Demonios! Estaba segura que ahora
si sería mi fin. Era demasiado fuerte para mí, no me había alimentado en
semanas, además nunca había desarrollado mi fuerza ni tampoco los poderes de
bruja. Solo esperaba un día no muy lejano alguien le hiciera pagar por mi
muerte…
Se
aproximó a mí con el rostro digno de una fiera y mostrando sus largos
colmillos. Me puso de pie solo con una mano bruscamente hasta quedar frente a
él. Quedamos extremadamente cerca. Me enfurecí demasiado, añadiendo el terror
que sentía al ver mi muerte aproximándose. Extendí los dos brazos hacia el
frente, y le empujé con toda la fuerza que fui capaz de emplear, pero también una
ligera bruma color naranja, <no naranja brillante, sino como el naranja de
un atardecer>, salió de mis palmas haciendo que el vampiro se estrellara
contra la pared y después cayera al suelo encendiendo fuego en su pierna. No
estaba segura si esto lo quemaría por completo, pero no me arriesgaría a
esperar para comprobarlo. Corrí a velocidad inhumana rumbo a la salida, abrí la
puerta y un nuevo dolor en la cabeza me invade. Estaba exhausta y me deje
vencer ante el sueño y sumiéndome en una oscuridad…
No hay comentarios:
Publicar un comentario