sábado, 22 de noviembre de 2014

Estrella Deneb Farro - Capítulo 6

*Estaba sentada en el balcón de la mansión Cullen, ubicada en las afueras de Forks, estaba ahí por el funeral de Chace. Un miembro del Clan Cullen. Solo estaba mirando fijamente la hermosa vista que tenía y pensando que hacer con mi vida. Durante meses, viví aislada de la sociedad y especialmente de mi familia. Ahora, no estaba segura de poder seguir haciéndolo.
Lo primero que notaba de la vista que tenía enfrente de mí, eran sombras puntiagudas se elevaban en lo alto y que parecían llegar hasta el cielo, mostrando un hermoso crepúsculo.
El bosque de Forks, era mi lugar preferido en todo el mundo, por más ciudades que visitara, siempre regresaría a mi hogar.
Recordaba que cuando era una niña de escasos tres años y ajena a todo el mundo sobrenatural, corría por el bosque tratando de esconderme de mis dos hermanos mayores, Jared y Tyler. Ellos ya ni siquiera lo recuerdan, tal parece que se hicieron adultos y su infancia se desvaneció. Y otra que se desvaneció fue mi madre Scarlett. Que me abandono a mi suerte, ya que a Uriel, mi padre, le importaba muy poco lo que me sucediera.
A pesar de los malos momentos que pasamos, esos tres hombres tenían su propia vida hecha, ya sea para bien o para mal, pero estaban rodeados de personas que los querían. Tyler se había casado con Rebekah, tenía ya una hija, mi hermosa Sol y ahora Reyna estaba esperando a otro bebe de él. ¿Y yo que tenía? Nada. Absolutamente nada.
Después de que ella me recogiera de la casa de Christopher, un chico que me había acogido después de mi incidente con el maldito vampiro chupasangre, la lleve hasta la clínica para confirmar mis sospechas. Al tener una plática con Steven y Chris, me dejaron pensando en que debía acercarme más a mi familia y por ello lo hice. Mi mente era todo un lio, mas por el hecho de que Christopher entrara a mi vida…

**Flashback**
Estaba acostada en algo muy suave, cuando abrí los ojos descubrí una habitación blanca muy linda, pero desconocida  para mí.
Cuando desperté de una inconciencia que según lo que me dijeron había durado muchos días, lo único que había notado a simple vista habían sido dos antifaces. Mi antifaz plateado del baile de máscaras y uno parecido al del chico de ojos tricolor con el que bailé. Me sentía incomoda en el lugar, por lo que busque una salida y lo único que encontré fue una puerta, ya que la ventana tenia rejas muy resistentes, como las de una cárcel, pensé. Alguien había cambiado mi blanco vestido destrozado del baile por un bonito vestido azul celeste ajustado a mi cuerpo a la altura de la rodilla con tirantes pequeños, además de una chaqueta moderna negra. Me asustaba por que no era mío. Un motivo más para salir de ahí. Así que sigilosamente abrí la puerta cuando alguien me tapo la boca con una mano mientras con la otra me apretaba de la cintura para inmovilizarme.
Traté de soltarme pero era estúpidamente imposible. Era demasiado fuerte.
–Tranquila, no hagas ningún ruido ni trates de hacer algo estúpido porque te podría ir mal. ¿Entendiste? Te soltare a las tres…– me dijo con una voz masculina tan melodiosa que resultó serme familiar.
Asentí tranquilamente con tal de que me liberara y quizá así pueda atacarlo fácilmente.
–Uno… Dos… Tres…–me suelta de la mano con la que cubre mi boca y con la otra me gira hasta quedar frente a él. ¡No…! No… Esto no podía ser cierto. ¡Era el mismo chico del avión!
–¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí?–pregunté rápidamente llena de nervios. Esto era extraño. Estaba tan guapo como la  primera vez que lo había visto en el avión. Piel bronceada y músculos evidentes. Pero esos ojos aún seguían siendo mi perdición. Ojos tricolor. Pero no debía pensar en eso, quizá intento matarme y debía escapar de ahí. Pensaba mil posibilidades de escape y como podría con un movimiento limpio encajarle mis colmillos y robarme su sangre, quizá con ella me fortalecería un poco. Aunque me costara pensarlo si debía sobrevivir, debía hacerlo.
–Soy Christopher Alexander Collins. Salve tu vida. Y… oh… en vez de estar pensando en atacarme deberías agradecer que no te mate–responde tranquilamente, como si habláramos del clima, aun no me ha soltado, por lo que siento su cálido aliento de menta en mi nariz.
–¿Podrías soltarme?-pregunte sarcásticamente dirigiéndole una mirada algo seductora, esperando tuviera algún efecto, pero el resultado fue nulo.
–Solo si prometes que no harás ningún movimiento brusco–respondió sin inmutarse.
–¡Bien! ¡Pero suéltame de una maldita vez!-
–Qué carácter Estrella, y pensar que en el avión y en baile pensé que eras un ángel. Y uhmm… El vestido te queda excelente–termino irónico mientras me soltaba y yo retrocedía unos pasos.
–Así que me recuerdas y sabes mi nombre. ¿Qué rayos quieres de mí?-
–Matarte–dijo sin pensarlo mucho. Retrocedí más hasta topar con la cama.
–Si eso quieres, ¿Por qué no lo haces de una vez? ¿Por qué no lo hiciste cuando tuviste tu oportunidad y estaba débil?
–Porque, Estrella, a pesar de querer matarte, me resultas demasiado encantadora. Quizá sea tu esencia lo que me atrae o quizá es el instinto sobreprotector que no me deja desde aquella vez en el avión… O el que fue más fuerte después de que estúpidamente me dejaras plantado en el baile y fueras capturada por ese repugnante chupasangre… ¡Porque tenías que irte y encontrarte con él! ¿Sabes todo el tiempo que me pudiste haber ahorrado al tratar de encontrarte? Y además no puedo hacerte daño porque se lo prometí a Steven–respondió como confundido y supe, a pesar de ser algo incoherente que era verdad.
–¿Qué? Nadie te pidió ayuda, yo sola pude deshacerme de Damién, además, ¿qué sabes tú de Steven  y de mí?... Y debo advertirte que no puedo hacer nada para que tú obtengas mis poderes, la sangre de bruja correrá por mis venas pero no puedes hacer uso de ellos mientras no sepa controlarla–inquirí sinceramente. Si me quería matar, que lo hiciera, así ya nadie podrá disponer de algo que ni yo misma se manejar.
–¿Así que es eso? ¡Eres una bruja! Esto sí que es extraño y perturbador. ¡Maldita sea, debí matarte! ¡¿Por qué tenía que acudir a él?! –se exaltó y al mismo tiempo me exalto a mí. Tenía razón, era extraño y perturbador en el sentido de que estaba frente a un humano psicópata que conocía a Steven y por lo visto le tenía cierto respeto.
–Adelante Christopher, no te tengo miedo. Tampoco tengo miedo a morir–. Decir su nombre en alto, por primera vez era algo que simplemente saboreaba en mi paladar. Como algo inmensamente dulce.
–¡Cállate! ¿Acaso no lo entiendes, Estrella? ¿No ves esto de la misma forma retorcida como yo lo veo? –me callo en tono de broma. Estaba empezando a incomodarme. Quizá debía encajarle mis colmillos de una maldita vez y extraerle toda la sangre, así me evitaría todo esta confusión y por lo visto se la ahorraría a él también.
–Lo que se, es que me debo ir, o terminare matándote yo primero–gruñí mientras tomaba mi antifaz de la mesita y me alejaba.
–¿Tu matarme a mí, o yo matarte a ti?–pregunto Christopher con una sonrisa en el rostro mientras se acercaba lentamente a mí. Hasta este momento me había propuesto a mí misma olvidarme del hecho de haberme “enamorado” de él, y ahora con esa estúpida sonrisa, mis pocas defensas se venían abajo. Esa sonrisa me había hecho acordarme de esa primera vez que lo vi. De esa primera vez que había admirado sus hermosos ojos de color y sonrisa de ensueño. Añadiendo que me tenía entre sus brazos como aquel baile, me provocaba escalofríos llenos de sentimientos encontrados…
Trate de golpearlo al notar sus intenciones, y me separe bruscamente de él.
Pero fue más rápido que yo y me tiro al suelo, esta vez quedando entre el suelo y su gran cuerpo. Fue ahí cuando la atracción física se hizo más presente. Si antes alguno de los dos había demostrado sentir cierta atracción hacia el otro, esta vez era más fuerte.
La primera vez en el avión había surgido cierta química y se había portado muy caballeroso. En el baile se había mostrado misterioso y muy seductor, pero sin embargo, esta faceta de confundido y a la vez altanero también me atraía. Su maldita esencia me atraía, al igual que su sangre. Era por ello que quería alejarme y a la vez mantenerme cerca de él. Trate de golpearlo para tomarlo desprevenido, pero él me sorprendió a mí, tomándome de la cabeza y dándome un beso. Pero maldita sea, no era un beso cualquiera, era un apasionado beso. Que hizo estremecer toda mi piel. Su beso me tomo desprevenida, pero al cabo de pocos segundos le correspondí. Mi cuerpo reacciono de forma inmediata ante él. Todo esto que sentía por él era tan nuevo.  Su sabor era aún más exquisito de lo que pensaba. Tan dulce y tan fiero a la vez. Una vez que se nos agotó el aliento, él se separó lentamente de mí y me miro con una expresión sombría, lo que menos me esperaba. Me ayudo a levantarme como todo un caballero y salió de la habitación dejándome anonadada. Me debatí entre que hacer. ¿Esperarlo o huir? Al cabo de unos pocos minutos se abrió la puerta y llego Steven, mi amigo y jefe. Corrí a abrazarlo y él me sonrió de oreja a oreja.
–¡Steven! ¡Cuánto me alegra verte! ¿Cómo llegaste aquí?–exclame confundida pero alegre de verlo aquí.
–Estrella, estamos en mi casa... Alex te trajo hasta aquí–respondió lentamente como si le estuviera hablando a una niña de 2 años o tuviera miedo de que la noticia me afectara.
–¿Tu casa? ¿Alex?–miles de pensamientos llegaron a mi mente. Steven había mencionado que su hijo se llamaba Alex y que estudiaba en el Instituto Forks, después de haber llegado nuevamente tras un intercambio estudiantil. Pero esto… Era demasiada coincidencia.
–Alex, Christopher, como quieras decirle, es mi hijo. Bueno, adoptivo. Lo adopte cuando era muy joven aún. Hay muchas cosas que debes entender y escucharme, ¿está bien Estrella? Necesito que entiendas para que comprendas la situación–. Esto me estaba alarmando, pero asentí tranquilamente.
–Alex es cazador de vampiros…–cuando Steven lo dijo no pude reprimir una carcajada al pensar que se trataba de una broma, pero al notar que no se inmutaba me puse tensa.
–Vamos, ¿es enserio?–pregunte sarcástica.
–Sí, Estrella. Desde joven fue un enemigo de vampiros, se obsesiono tanto que indago en Italia y casi muere a manos de los Vulturis, seguramente tú has escuchado de ellos, ¿no?-asentí lentamente para no interrumpir su relato. –El presencio a un vampiro asesinar a unos humanos, por lo que se prometió investigar más sobre las leyendas y en efecto, descubrió que muchas de ellas eran verdad. Al conocerte a ti, sabía que había algo extraño y antinatural, llámalo su intuición. Me platico de una chica, pero ignoraba el hecho de que fueras tú y ¡gracias a Dios que te trajo conmigo antes de que decidiera tu destino! Le tuve que aclarar que eras mitad demonio pero que eras muy buena persona y que además ya le había contado de ti por lo que se detuvo un poco, afortunadamente…–termino con una sonrisita picara. ¿Qué demonios le sucedía?
–Ok, entiendo. Él es un cazador de vampiros y pensaba que yo era uno. ¿Qué demonios le ocurre? ¿Cómo se le ocurrió semejante estupidez? ¿No me vio mis ojos? ¿Acaso parecen rojos? Ese chico está loco, ¿escuchaste? ¡Loco! Y lo peor de todo es que es tu hijo…–termine algo histeria. Me había enamorado de un estúpido humano que es cazador de vampiros, y estaba segura que no era muy amigo de los demonios y las brujas. Y eso era justamente lo que yo era…
*Fin del Flashback*

Después de haber platicado un poco más con Steven, o más bien tratando de controlar mi histeria. Llame a Reyna para que me recogiera ahí. Según su tono desesperado, me había estado llamando. Agradecía en silencio su preocupación. Me hacía sentir un poco necesitada. Hable un poco con Christopher, el ambiente entre los dos era tenso. Después del beso, no sabíamos ni que decir, y en cierto modo lo entendía.
Cuando llego por mi Reyna, fuimos con el doctor Collins,  o más bien la obligue a ir, él era un primo de mi jefe Steven y conocía nuestra naturaleza sobrenatural y ahí nos confirmó que estaba embarazada. Ella estaba un poco trastornada, la entendía en cierto modo. Embarazada de alguien que ya ni siquiera es su esposo y está casado con otra mujer solo por una estúpida alianza. Como no quería ir a la casa que compartía con Kyle, la lleve a casa con Lilian, que era como una madre para ella. La deje y me lleve su coche, ya se lo devolvería después. Pensé en ir a dejárselo a su casa y seguí las instrucciones del navegador. Una vez ahí, me encontré con Kyle y su amiga cuyo nombre no recordaba afuera en la cochera. Parecían preocupados.
–¡Blair! –abrí la puerta y su cara de sorpresa y decepción se hicieron presentes.
–Lo siento chicos, soy Estrella.  Deje a Blair en casa de una amiga, yo solo vine a dejarles su coche– respondí con una sonrisa de disculpa.
–¿Nos puedes llevar con ella? Es urgente–
–¿Qué sucede? –pregunte intrigada.
–¿No lo sabes? Murió un familiar de ella muy cercano y queremos ir a apoyarla–Al decir esto, mi cabeza me dio vueltas. Esperaba que no fuera alguien muy cercano. ¿Y si era mi hermano? O ¡Sol! No espere a que me dieran más informes y arranque el carro. Los dos iban en silencio, tal vez un poco consternados.
Seguí el sendero que hace muchos años había recorrido junto con mi padre hasta llegar a la mansión Cullen. Sabía que estábamos en el lugar correcto al notar demasiados autos y esa fragancia dulce en el aire. Estacione el coche de Reyna y entramos. Los chicos tenían expresiones serias  y de asombro. Lo imaginaba. Humanos rodeados de seres sobrenaturales con una belleza excepcional. Rosalie y Alice lloraban histéricamente mientras eran consoladas por sus esposos, Emmett y Jasper. Todos los miembros de la familia estaban dispersados por la casa, algunos en la cocina, otros en el patio, unos en la sala, también se escuchaban algunos corazones en las habitaciones de arriba... suponía que eran de las personas que más les afectaba. Al ver sus rostros supe de quien se trataba, Chace Cullen había muerto. O más bien asesinado. Matar a un vampiro era prácticamente imposible.
Encontramos a Reyna y nos acercamos a abrazarla, le extraño vernos ahí, más porque Kyle descubriría toda su farsa de Blair Davis. Aunque creo que estas alturas le importaba muy poco. Al estar ahí me sentía incomoda. Todos me miraban extraño, entre confusión al reconocerme y se preguntaban seguramente que hacia ahí después de tanto tiempo. Pero afortunadamente no todas las miradas eran dirigidas a mí. Unas eran de odio y eran lanzadas directamente a Rebekah, y a mi hermano Tyler. Decidí hacerme presente ante él. Tyler me vio y por un momento no pareció reconocerme. Enfoco sus ojos en mí y una expresión de asombro recorrió su rostro. Perfecto. Ahora si no había marcha atrás. Le dedique una mirada tierna diciendo: mi más sentido pésame. Pero una sonrisa altanera que daba a entender: pero no te desharás de mí, hermanito. Ni de Reyna. Me salí al balcón, quería estar alejada de todos mientras decidía que hacer. Debía dejar de ser cobarde y quizá volver a mi casa. Volver con Uriel y esperar a que él decidiera mi destino. Quizá así podría mantener a Christopher con vida y muy lejos de mí.
Estaba concentrada en mis pensamientos y sentía mucha tristeza por Chace. Quizá no le conocía muy bien como todas las personas que estaban en este lugar, pero no le deseaba la muerte a nadie.

Cerré mis ojos por un momento, deseando ser yo la que estuviera en un ataúd, quizá así dejaría de estar en tantos dilemas mentales y dejaría de sufrir por un amor imposible…

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