*Estaba
sentada en el balcón de la mansión Cullen, ubicada en las afueras de Forks,
estaba ahí por el funeral de Chace. Un miembro del Clan Cullen. Solo estaba
mirando fijamente la hermosa vista que tenía y pensando que hacer con mi vida.
Durante meses, viví aislada de la sociedad y especialmente de mi familia.
Ahora, no estaba segura de poder seguir haciéndolo.
Lo
primero que notaba de la vista que tenía enfrente de mí, eran sombras
puntiagudas se elevaban en lo alto y que parecían llegar hasta el cielo,
mostrando un hermoso crepúsculo.
El
bosque de Forks, era mi lugar preferido en todo el mundo, por más ciudades que
visitara, siempre regresaría a mi hogar.
Recordaba
que cuando era una niña de escasos tres años y ajena a todo el mundo
sobrenatural, corría por el bosque tratando de esconderme de mis dos hermanos
mayores, Jared y Tyler. Ellos ya ni siquiera lo recuerdan, tal parece que se
hicieron adultos y su infancia se desvaneció. Y otra que se desvaneció fue mi
madre Scarlett. Que me abandono a mi suerte, ya que a Uriel, mi padre, le
importaba muy poco lo que me sucediera.
A
pesar de los malos momentos que pasamos, esos tres hombres tenían su propia
vida hecha, ya sea para bien o para mal, pero estaban rodeados de personas que
los querían. Tyler se había casado con Rebekah, tenía ya una hija, mi hermosa
Sol y ahora Reyna estaba esperando a otro bebe de él. ¿Y yo que tenía? Nada.
Absolutamente nada.
Después
de que ella me recogiera de la casa de Christopher, un chico que me había
acogido después de mi incidente con el maldito vampiro chupasangre, la lleve
hasta la clínica para confirmar mis sospechas. Al tener una plática con Steven
y Chris, me dejaron pensando en que debía acercarme más a mi familia y por ello
lo hice. Mi mente era todo un lio, mas por el hecho de que Christopher entrara
a mi vida…
**Flashback**
Estaba
acostada en algo muy suave, cuando abrí los ojos descubrí una habitación blanca
muy linda, pero desconocida para mí.
Cuando
desperté de una inconciencia que según lo que me dijeron había durado muchos
días, lo único que había notado a simple vista habían sido dos antifaces. Mi
antifaz plateado del baile de máscaras y uno parecido al del chico de ojos
tricolor con el que bailé. Me sentía incomoda en el lugar, por lo que busque
una salida y lo único que encontré fue una puerta, ya que la ventana tenia
rejas muy resistentes, como las de una
cárcel, pensé. Alguien había cambiado mi blanco vestido destrozado del
baile por un bonito vestido azul celeste ajustado a mi cuerpo a la altura de la
rodilla con tirantes pequeños, además de una chaqueta moderna negra. Me
asustaba por que no era mío. Un motivo más para salir de ahí. Así que
sigilosamente abrí la puerta cuando alguien me tapo la boca con una mano mientras
con la otra me apretaba de la cintura para inmovilizarme.
Traté de
soltarme pero era estúpidamente imposible. Era demasiado fuerte.
–Tranquila,
no hagas ningún ruido ni trates de hacer algo estúpido porque te podría ir mal.
¿Entendiste? Te soltare a las tres…– me dijo con una voz masculina tan
melodiosa que resultó serme familiar.
Asentí
tranquilamente con tal de que me liberara y quizá así pueda atacarlo
fácilmente.
–Uno…
Dos… Tres…–me suelta de la mano con la que cubre mi boca y con la otra me gira
hasta quedar frente a él. ¡No…! No… Esto no podía ser cierto. ¡Era el mismo
chico del avión!
–¿Quién
eres? ¿Qué quieres de mí?–pregunté rápidamente llena de nervios. Esto era
extraño. Estaba tan guapo como la
primera vez que lo había visto en el avión. Piel bronceada y músculos
evidentes. Pero esos ojos aún seguían siendo mi perdición. Ojos tricolor. Pero
no debía pensar en eso, quizá intento matarme y debía escapar de ahí. Pensaba
mil posibilidades de escape y como podría con un movimiento limpio encajarle
mis colmillos y robarme su sangre, quizá con ella me fortalecería un poco.
Aunque me costara pensarlo si debía sobrevivir, debía hacerlo.
–Soy
Christopher Alexander Collins. Salve tu vida. Y… oh… en vez de estar pensando
en atacarme deberías agradecer que no te mate–responde tranquilamente, como si
habláramos del clima, aun no me ha soltado, por lo que siento su cálido aliento
de menta en mi nariz.
–¿Podrías
soltarme?-pregunte sarcásticamente dirigiéndole una mirada algo seductora,
esperando tuviera algún efecto, pero el resultado fue nulo.
–Solo si
prometes que no harás ningún movimiento brusco–respondió sin inmutarse.
–¡Bien!
¡Pero suéltame de una maldita vez!-
–Qué
carácter Estrella, y pensar que en el avión y en baile pensé que eras un ángel.
Y uhmm… El vestido te queda excelente–termino irónico mientras me soltaba y yo
retrocedía unos pasos.
–Así que
me recuerdas y sabes mi nombre. ¿Qué rayos quieres de mí?-
–Matarte–dijo
sin pensarlo mucho. Retrocedí más hasta topar con la cama.
–Si eso
quieres, ¿Por qué no lo haces de una vez? ¿Por qué no lo hiciste cuando tuviste
tu oportunidad y estaba débil?
–Porque,
Estrella, a pesar de querer matarte, me resultas demasiado encantadora. Quizá
sea tu esencia lo que me atrae o quizá es el instinto sobreprotector que no me
deja desde aquella vez en el avión… O el que fue más fuerte después de que
estúpidamente me dejaras plantado en el baile y fueras capturada por ese
repugnante chupasangre… ¡Porque tenías que irte y encontrarte con él! ¿Sabes
todo el tiempo que me pudiste haber ahorrado al tratar de encontrarte? Y además
no puedo hacerte daño porque se lo prometí a Steven–respondió como confundido y
supe, a pesar de ser algo incoherente que era verdad.
–¿Qué?
Nadie te pidió ayuda, yo sola pude deshacerme de Damién, además, ¿qué sabes tú
de Steven y de mí?... Y debo advertirte
que no puedo hacer nada para que tú obtengas mis poderes, la sangre de bruja
correrá por mis venas pero no puedes hacer uso de ellos mientras no sepa
controlarla–inquirí sinceramente. Si me quería matar, que lo hiciera, así ya
nadie podrá disponer de algo que ni yo misma se manejar.
–¿Así que
es eso? ¡Eres una bruja! Esto sí que es extraño y perturbador. ¡Maldita sea,
debí matarte! ¡¿Por qué tenía que acudir a él?! –se exaltó y al mismo tiempo me
exalto a mí. Tenía razón, era extraño y perturbador en el sentido de que estaba
frente a un humano psicópata que conocía a Steven y por lo visto le tenía
cierto respeto.
–Adelante
Christopher, no te tengo miedo. Tampoco tengo miedo a morir–. Decir su nombre
en alto, por primera vez era algo que simplemente saboreaba en mi paladar. Como
algo inmensamente dulce.
–¡Cállate!
¿Acaso no lo entiendes, Estrella? ¿No ves esto de la misma forma retorcida como
yo lo veo? –me callo en tono de broma. Estaba empezando a incomodarme. Quizá
debía encajarle mis colmillos de una maldita vez y extraerle toda la sangre,
así me evitaría todo esta confusión y por lo visto se la ahorraría a él
también.
–Lo que
se, es que me debo ir, o terminare matándote yo primero–gruñí mientras tomaba
mi antifaz de la mesita y me alejaba.
–¿Tu
matarme a mí, o yo matarte a ti?–pregunto Christopher con una sonrisa en el
rostro mientras se acercaba lentamente a mí. Hasta este momento me había
propuesto a mí misma olvidarme del hecho de haberme “enamorado” de él, y ahora
con esa estúpida sonrisa, mis pocas defensas se venían abajo. Esa sonrisa me
había hecho acordarme de esa primera vez que lo vi. De esa primera vez que
había admirado sus hermosos ojos de color y sonrisa de ensueño. Añadiendo que
me tenía entre sus brazos como aquel baile, me provocaba escalofríos llenos de
sentimientos encontrados…
Trate
de golpearlo al notar sus intenciones, y me separe bruscamente de él.
Pero
fue más rápido que yo y me tiro al suelo, esta vez quedando entre el suelo y su
gran cuerpo. Fue ahí cuando la atracción física se hizo más presente. Si antes
alguno de los dos había demostrado sentir cierta atracción hacia el otro, esta
vez era más fuerte.
La
primera vez en el avión había surgido cierta química y se había portado muy
caballeroso. En el baile se había mostrado misterioso y muy seductor, pero sin
embargo, esta faceta de confundido y a la vez altanero también me atraía. Su
maldita esencia me atraía, al igual que su sangre. Era por ello que quería
alejarme y a la vez mantenerme cerca de él. Trate de golpearlo para tomarlo
desprevenido, pero él me sorprendió a mí, tomándome de la cabeza y dándome un
beso. Pero maldita sea, no era un beso cualquiera, era un apasionado beso. Que
hizo estremecer toda mi piel. Su beso me tomo desprevenida, pero al cabo de
pocos segundos le correspondí. Mi cuerpo reacciono de forma inmediata ante él. Todo
esto que sentía por él era tan nuevo. Su
sabor era aún más exquisito de lo que pensaba. Tan dulce y tan fiero a la vez.
Una vez que se nos agotó el aliento, él se separó lentamente de mí y me miro
con una expresión sombría, lo que menos me esperaba. Me ayudo a levantarme como
todo un caballero y salió de la habitación dejándome anonadada. Me debatí entre
que hacer. ¿Esperarlo o huir? Al cabo de unos pocos minutos se abrió la puerta
y llego Steven, mi amigo y jefe. Corrí a abrazarlo y él me sonrió de oreja a
oreja.
–¡Steven!
¡Cuánto me alegra verte! ¿Cómo llegaste aquí?–exclame confundida pero alegre de
verlo aquí.
–Estrella,
estamos en mi casa... Alex te trajo hasta aquí–respondió lentamente como si le
estuviera hablando a una niña de 2 años o tuviera miedo de que la noticia me
afectara.
–¿Tu
casa? ¿Alex?–miles de pensamientos llegaron a mi mente. Steven había mencionado
que su hijo se llamaba Alex y que estudiaba en el Instituto Forks, después de
haber llegado nuevamente tras un intercambio estudiantil. Pero esto… Era
demasiada coincidencia.
–Alex,
Christopher, como quieras decirle, es mi hijo. Bueno, adoptivo. Lo adopte
cuando era muy joven aún. Hay muchas cosas que debes entender y escucharme,
¿está bien Estrella? Necesito que entiendas para que comprendas la situación–.
Esto me estaba alarmando, pero asentí tranquilamente.
–Alex
es cazador de vampiros…–cuando Steven lo dijo no pude reprimir una carcajada al
pensar que se trataba de una broma, pero al notar que no se inmutaba me puse
tensa.
–Vamos,
¿es enserio?–pregunte sarcástica.
–Sí,
Estrella. Desde joven fue un enemigo de vampiros, se obsesiono tanto que indago
en Italia y casi muere a manos de los Vulturis, seguramente tú has escuchado de
ellos, ¿no?-asentí lentamente para no interrumpir su relato. –El presencio a un
vampiro asesinar a unos humanos, por lo que se prometió investigar más sobre
las leyendas y en efecto, descubrió que muchas de ellas eran verdad. Al
conocerte a ti, sabía que había algo extraño y antinatural, llámalo su
intuición. Me platico de una chica, pero ignoraba el hecho de que fueras tú y
¡gracias a Dios que te trajo conmigo antes de que decidiera tu destino! Le tuve
que aclarar que eras mitad demonio pero que eras muy buena persona y que además
ya le había contado de ti por lo que se detuvo un poco,
afortunadamente…–termino con una sonrisita picara. ¿Qué demonios le sucedía?
–Ok,
entiendo. Él es un cazador de vampiros y pensaba que yo era uno. ¿Qué demonios
le ocurre? ¿Cómo se le ocurrió semejante estupidez? ¿No me vio mis ojos? ¿Acaso
parecen rojos? Ese chico está loco, ¿escuchaste? ¡Loco! Y lo peor de todo es
que es tu hijo…–termine algo histeria. Me había enamorado de un estúpido humano
que es cazador de vampiros, y estaba segura que no era muy amigo de los
demonios y las brujas. Y eso era justamente lo que yo era…
*Fin
del Flashback*
Después
de haber platicado un poco más con Steven, o más bien tratando de controlar mi
histeria. Llame a Reyna para que me recogiera ahí. Según su tono desesperado,
me había estado llamando. Agradecía en silencio su preocupación. Me hacía
sentir un poco necesitada. Hable un poco con Christopher, el ambiente entre los
dos era tenso. Después del beso, no sabíamos ni que decir, y en cierto modo lo
entendía.
Cuando
llego por mi Reyna, fuimos con el doctor Collins, o más bien la obligue a ir, él era un primo de
mi jefe Steven y conocía nuestra naturaleza sobrenatural y ahí nos confirmó que
estaba embarazada. Ella estaba un poco trastornada, la entendía en cierto modo.
Embarazada de alguien que ya ni siquiera es su esposo y está casado con otra
mujer solo por una estúpida alianza. Como no quería ir a la casa que compartía
con Kyle, la lleve a casa con Lilian, que era como una madre para ella. La deje
y me lleve su coche, ya se lo devolvería después. Pensé en ir a dejárselo a su
casa y seguí las instrucciones del navegador. Una vez ahí, me encontré con Kyle
y su amiga cuyo nombre no recordaba afuera en la cochera. Parecían preocupados.
–¡Blair!
–abrí la puerta y su cara de sorpresa y decepción se hicieron presentes.
–Lo
siento chicos, soy Estrella. Deje a
Blair en casa de una amiga, yo solo vine a dejarles su coche– respondí con una
sonrisa de disculpa.
–¿Nos
puedes llevar con ella? Es urgente–
–¿Qué
sucede? –pregunte intrigada.
–¿No
lo sabes? Murió un familiar de ella muy cercano y queremos ir a apoyarla–Al
decir esto, mi cabeza me dio vueltas. Esperaba que no fuera alguien muy
cercano. ¿Y si era mi hermano? O ¡Sol! No espere a que me dieran más informes y
arranque el carro. Los dos iban en silencio, tal vez un poco consternados.
Seguí
el sendero que hace muchos años había recorrido junto con mi padre hasta llegar
a la mansión Cullen. Sabía que estábamos en el lugar correcto al notar
demasiados autos y esa fragancia dulce en el aire. Estacione el coche de Reyna
y entramos. Los chicos tenían expresiones serias y de asombro. Lo imaginaba. Humanos rodeados
de seres sobrenaturales con una belleza excepcional. Rosalie y Alice lloraban
histéricamente mientras eran consoladas por sus esposos, Emmett y Jasper. Todos
los miembros de la familia estaban dispersados por la casa, algunos en la
cocina, otros en el patio, unos en la sala, también se escuchaban algunos
corazones en las habitaciones de arriba... suponía que eran de las personas que
más les afectaba. Al ver sus rostros supe de quien se trataba, Chace Cullen
había muerto. O más bien asesinado. Matar a un vampiro era prácticamente
imposible.
Encontramos
a Reyna y nos acercamos a abrazarla, le extraño vernos ahí, más porque Kyle
descubriría toda su farsa de Blair Davis. Aunque creo que estas alturas le
importaba muy poco. Al estar ahí me sentía incomoda. Todos me miraban extraño,
entre confusión al reconocerme y se preguntaban seguramente que hacia ahí
después de tanto tiempo. Pero afortunadamente no todas las miradas eran
dirigidas a mí. Unas eran de odio y eran lanzadas directamente a Rebekah, y a
mi hermano Tyler. Decidí hacerme presente ante él. Tyler me vio y por un
momento no pareció reconocerme. Enfoco sus ojos en mí y una expresión de
asombro recorrió su rostro. Perfecto. Ahora si no había marcha atrás. Le dedique
una mirada tierna diciendo: mi más
sentido pésame. Pero una sonrisa altanera que daba a entender: pero no te desharás de mí, hermanito. Ni de
Reyna. Me salí al balcón, quería estar alejada de todos mientras decidía
que hacer. Debía dejar de ser cobarde y quizá volver a mi casa. Volver con
Uriel y esperar a que él decidiera mi destino. Quizá así podría mantener a
Christopher con vida y muy lejos de mí.
Estaba
concentrada en mis pensamientos y sentía mucha tristeza por Chace. Quizá no le
conocía muy bien como todas las personas que estaban en este lugar, pero no le
deseaba la muerte a nadie.
Cerré
mis ojos por un momento, deseando ser yo la que estuviera en un ataúd, quizá
así dejaría de estar en tantos dilemas mentales y dejaría de sufrir por un amor
imposible…
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