Estaba
dando los últimos detalles a mi atuendo para el Gran baile de Máscaras, cuando escuche
“Crazier” de Taylor Swift en mi celular. Era una llamada de Reina. Mi adorada
ex-cuñada.
-Ya es
hora, llegamos por ti en 10 minutos-me dijo la voz cantarina de Reyna por el
otro lado de la bocina.
-Gracias
Reyna… digo Blair-respondí sarcásticamente. Me daba mucha gracia el tener que
decirle de manera diferente. Sinceramente aun no me acostumbraba. No sé cómo
podía mantener la farsa tanto tiempo. Pero sabía que los motivos eran demasiado
grandes y solo por ser la madre de mi adorada sobrina lo soportaba. No me agradaba mucho la idea de llegar con
ella al baile, levantaría muchas sospechas, pero yo ya no era estudiante del
Instituto Forks y necesitaba ir acompañada de uno para que no fuera demasiada
la obviedad de mi asistencia al baile. Tenía que pasar desapercibida. El tiempo
pasa demasiado rápido, y lo único a lo que me dedico es a repasar en mi mente
el nombre de las personas que conozco y recordar el color de su cabello y ojos.
Esta noche lo más seguro es que sea la única manera de reconocerlos. Me miro al
espejo y me doy un vistazo para verificar mi atuendo. Mi cabello cae en ondas
suaves alrededor de mi cara, derramándose sobre mis hombros hasta mis pechos.
Meto un
mechón detrás de mí oreja dejando al descubierto mis pendientes plateados.
Mantuve mi maquillaje al mínimo, buscando un aspecto natural, delineador de
ojos negro, rímel, un poco de rubor rosado, y lápiz labial de color rosa
pálido. Abrigo de raso y bolso plateado.
Pasados
los minutos, decidí bajar las escaleras de mi departamento y encaminarme a la
calle. Reyna ya se supone que estaría esperándome abajo.
La calle
estaba oscura. Era algo que me encantaba de mi nuevo hogar. Brindaba cierta
intimidad y el lugar aunque era tétrico y oscuro, era muy cálido el ambiente de
día. Un bonito coche estaba enfrente de mí.
Ni siquiera tenía que preguntar quién era. Era Reina y su amigo, un tal Kyle.
-Listo,
vámonos-les sonreí a ambos, y ese chico, Kyle, asintió con la cabeza, poniendo
en marcha el coche, dirigiéndose al baile. -¿Nuevo color de cabello, Blair?-Rodé
los ojos en la oscuridad y sonreí. Tratando de no sonar tan sarcástica. Pero entendía
su cambio. Necesitaba aparentar ser otra persona.
-Sí, ya
sabes yo siempre cambiando de estilo-me respondió con una sonrisa nerviosa. También
yo estaba nerviosa. No tenía idea de que haría exactamente esta noche.
Enfrentarme. Regresar. Hacerme la mártir. Ser fuerte. Muchas ideas pasaban por
mi mente.
Después de
un incómodo silencio. Incomodo porque no podía platicar con ella sobre Sol,
sobre Tyler, sobre mi padre, llegamos al Instituto. Tenía demasiadas ansias de
entrar, de ver de nuevo a mis amigos y en especial a mi familia. Apenas se
había estacionado cuando estaba a punto de salir corriendo.
-Bueno
chicos, gracias por el aventón, los veo adentro-.Sonreí y en unos segundos ya
estaba adentro del colegio.
El lugar
estaba increíble, no esperaba más ya que según lo habían organizado las típicas
chicas populares de la escuela. Y las candidatas a reinas del baile. Arreglos
Florales, máscaras bellísimas encubriendo rostros para mantener el misterio de
la noche, luces colgantes en los pasillos. En París, celebran los bailes de fin
de curso en el salón de recepciones de los hoteles más lujosos; sin embargo,
aquí, el baile se hace en el gimnasio, por supuesto. Seguramente que debía de
ser la única sala lo bastante amplia en Forks para poder organizar un baile. Por
todos lados había arcos con globos y las paredes estaban festoneadas con
guirnaldas de papel de seda.…
Todos
estaban bailando y bebiendo, debía admitir, esta fiesta era divertida. Pero yo tenía
un objetivo. Y no era especialmente divertirme. Era encararme a mi padre si
tenía la oportunidad. Paseaba elegantemente por la pista de baile, tratando de
mirar los ojos de las personas con quien me topaba pero a la vez pasar
desapercibida ante los que me pudieran reconocer.
Pasados
los minutos escuche una voz grave y masculina que murmuro desde una parte del
otro lado de la pista de baile. Era Uriel, mi padre. ¿Qué tanto decía en este
momento?
–Sí, Tyler
y Rebekah están comprometidos… -Oh, ya veo que tanto anda celebrando, su
adorado compromiso. Aunque fuera una total tortura para mi hermano. No podía
estar hablando enserio... Suspire y sentí una inmensa rabia hacia mi padre. Mire a Reyna, y veía como se tensaba
ante su acompañante. Pobrecilla. Sentía compasión por ella. Entonces me
concentre a prestar atención de nuevo a mi padre, y al otro hombre, por cierto,
algo apuesto tomaba el puesto de él terminando la oración que dejo inconclusa.
-Así que
brindemos por ellos. ¡Salud!- termino el chico rubio de ojos enigmáticos. Así
que él era del clan vecino. ¿Pero quién es? Se me hacía conocido, pero eso no podía
ser posible. Mi padre nunca me dejo interactuar con ellos. Solo me menciono de
ellos hasta que decidió comprometerme con el primogénito. Alcance a ver a mi
hermano Tyler quien sostenía la mano de una rubia algo consternada pero sonreía
radiantemente. Esto era una blasfemia. Una calamidad. ¿Cómo podía estar tan
tranquilo mi hermano? Vi a Reyna aferrándose a Kyle mientras devolvía el estómago.
Estaba vomitando asquerosamente. Así que me acerque rápidamente a ella. No podía
permitir que llamara la atención. Se suponía que no estaríamos ahí.
-Blair, ¿podemos
hablar? –sonreí como si no pasara nada mientras la tomaba del brazo.
-Claro.
Kyle, ¿nos permites?-inquirió Reyna con una sonrisa pícara dirigida al chico,
este frunció el ceño como si le molestara dejarla a solas y se alejó lentamente
de nuevo al baile. Dejándonos solas.
-¿Qué ha
sido eso?-le pregunte furiosa. ¡Estuvieron a punto de descubrirnos!
-¿De qué
hablas?-contrataco con otra pregunta inocentemente.
-Haberte
salido del baile así, da gracias que nadie te ha pillado más que yo. ¿Me
quieres explicar a qué se debe tu vomito?-le solté de repente. Lo que me
faltaba es que fuera causado por un embarazo. ¿Tan poco amaba a mi hermano que
ya se había acostado con alguien que apenas conoce? Me miro confundida. No
quería pensar mal de ella. Pero los hechos demostraban algo que deseaba no
fuera verdad.
-Estrella,
tranquilízate, ¿sí? No es eso. Ver a tu hermano con Rebekah y todos brindando
me ha puesto así, es todo. No lo entenderás hasta el día que te enamores- me respondió
seriamente y entendí que era verdad. Pero no pude evitar sentir aun algo de
furia. “No lo entenderás hasta que te enamores” ¿Me creía una estúpida niña que
no sabe de la vida? Si, está bien, nunca me he enamorado realmente. De hecho ni
siquiera había tenido un novio que me durara más de una semana, pero no podía
dar por hecho de que no sabía que era el amor verdadero, aunque nunca lo había
experimentado. Me atrapo con la guardia baja y me causó conmoción y tristeza.
¡Rayos!
-Está
bien, ahora vuelve adentro y no hagas una escena- acaricie su brazo en señal de
apoyo y me aleje. Tratar con ella me hacía sentir tan vulnerable. Me hacía
regresar a mis años de juventud cuando solo era una estúpida adolescente celosa
de ella por quitarme a mi hermano. Vi
que Reyna regreso con su cita, Kyle y estuve más tranquila porque al menos él
la cuidaría. Pero estaba inquieta, ¿será que Reyna se está enamorando de él?
No, no, no. No podía olvidarse de mi hermano y de mi sobrina… Quien por cierto,
no había visto aun y esperaba encontrármela pronto. Seguí caminando por la
pista de baile esperando el momento perfecto para ver a mi familia…
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